Rasgos del Tiempo

Un pequeño reloj. Tic tac tic tac. Nos muestra el tiempo, y sin embargo, el tiempo es invisible. El tiempo parece perseguirnos, nos acompaña toda la vida, todos los días,  cada segundo. Marca el ritmo de la cotidianidad. Son las 20, la hora de la cena,  mañana por la mañana serán 7 horas, me levantaré para ir a trabajar o para ir a la escuela, todavía me quedan algunas horas para soñar, deliciosamente, al fondo de mi cama.

La noche: el único momento donde nada puede suceder, hasta mañana por la mañana. Durmiendo paramos el tiempo, lo suspendemos, creamos otro universo y otro tiempo, el de los sueños.

Quién es el tiempo? Los buenos viejos tiempos de los que habla mi abuela, otra época.

Quién es el tiempo? El mundo el año próximo, el futuro, la ciencia ficción. 

Quién es el tiempo? El instante presente, lo cotidiano, alrededor de si mismo.

El tiempo invisible marca los rostros y los paisajes.  Deja trazos sobre los muros, sobre los rostros. Es divertido decirlo, el tiempo es muy fotogénico – teje colores de pudrimiento sobre muros decrépitos, gracias a la lluvia. Oxida las bicicletas y la canalizaciones de un lindo color esmeralda. Deja escapar enredaderas a lo largo de las fachadas y sobre los alambrados, también el liquen en las veredas resbalosas y en las fisuras de los edificios.

Abriendo los ojos, siendo muy atentos, se vuelve posible revelar los escondites del tiempo, las trazas que deja en todo su camino. Búscalo,  al tiempo le gusta ser halagado. Si le muestras su belleza, terminará siendo tu amigo.

El tiempo que pasa deja trazas, trazas de una belleza particular. En la palma de la mano de tu abuela, el tiempo revela sus secretos, innumerables historias para contar.

Un viejo banco oxidado en un parque de Asia – quizás el monje ni siquiera lo puede ver  más. Sin embargo, mirando estos balancines, podemos imaginar los monjes de otras épocas sentarse, para meditar, apaciblemente.

Ruinas en medio de los cactus y de las montañas de los Andes: pueden ser solamente una pila de piedras amontonadas, El tiempo no les guardo por casualidad, quizás quería contarnos la historia de los hombres y de las mujeres que vivieron allá, los quien un día portaron estas piedras para edificar su casa, allí en medio de los cactus, y protegerse del viento.

Fotografiar las trazas del tiempo permite contar historias... historias que el tiempo mismo protege y preserva, para nosotros , si miramos bien.